A J E D R E Z

Sentado al anochecer sobre una roca a la orilla del mar observaba como Isabel, a mi lado, miraba dulcemente el brillo de su amada Venus. Sus ojos apenas parpadeaban y casi estoy seguro de que se encontraba inmersa en un extraño trance. Sus labios comenzaron a moverse, y lentamente fueron musitando unas palabras, apenas audibles al principio, pero pronto alcanzaron la sonoridad y la belleza de su entonación. Y decían así:

Anoche tuve un sueño,
miraba el cielo estrellado
Orión, me dijo él
y yo veía un tablero de ajedrez
donde todo eran fichas blancas
sólo yo, la reina negra.

Esperaba paciente el movimiento
sabiendo que no tenía salida,
los peones me guiñaban el ojo
los alfiles se movían nerviosos
y los caballos, apoyados por las torres,
me observaban recelosos
¡sus reyes estaban seguros!
¿hacer ante todo el firmamento? qué podía

Cerré los ojos y suspiré
¡Todos contra mí!
¿quién comenzará primero
a destrozar mi sueño?
sólo me salvaría un desliz
pero, ¿dónde ir ?

Saltó un caballo relinchando
¡Dios, que cerca se puso!
hasta mi llegaba su brío
y me subió un sudor frío
que todos notaron, lo sentí,
al mirar sus rostros orgullosos,
contuve el aliento y avancé cuatro
evitando torre y alfil
lo conseguí, por ahora me salvé,
llevándome a un peón por delante
pero aún. ¡quedaban tantos !

Desde mi rincón observé
todo el tablero, ¡era grande !
cómo se me ocurrió jugar
y aceptar el reto
contra todo un cielo,
¿dónde me llevará mi osadía ?
mientras tanto ¡juguemos !
avanzó de nuevo el caballo
con una graciosa ele,
acorralándome,
me tocaba a mí hacer frente
y decidí huir,
¿hacia dónde ?
¡era tan pequeño mi espacio !
¡y soy tan poca cosa frente al universo !

Volví a mi base, sin posibilidad de escape,
y sin pensar, un peón avanzó
dejando al descubierto su reina,
me deshice de ella,
¡cómo me miraron todos !
sin piedad con esa microbio,
¡qué atrevida !

Sentí que el tiempo volaba
¡qué poco me quedaba !
prepararon su feroz ataque
y me hicieron ¡¡jaque ! !
sólo me quedaba un cuadro
para estar a salvo,
mi mente, a velocidad vertiginosa
sopesó el encuentro
¿qué posibilidad tenía ?
¡¡ninguna !!, ellos lo sabían.

¡¡Ríndete!! estás a tiempo,
no, nunca me rindo,
moriré luchando, o salvaré la vida.

Avanzó el alfil y mi huida
me dejo frente a la torre
que orgullosa gritó ¡¡¡jaque mate!!!
en ese momento abrí los ojos
habías cogido mi mano y besado mis labios
¡todo lo que había ocurrido en fracción de segundo!,
con mirada agradecida
miré hacia arriba
donde el tablero seguía,
ofendido por mi huida,
os juro que volveré
pero, con mi rey.

Y nuestros labios volvieron a unirse otra vez bajo la mirada risueña de la dulce Venus. Me sentía feliz, me había considerado su Rey.