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Y ME PREGUNTO YO……
No habían sonado todavía las doce campanadas en el vetusto campanario de la iglesia cuando los dos amigos se encontraban sentados en la terraza del único bar situado en la plaza de su pueblo, bajo un sol de justicia y frente a un buen número de botellas de cerveza vacías. Ni un alma por los alrededores.
CATETO 1. Te veo cara de amargado, ¿has pasado mala noche?
CATETO 2. Sí, definitivamente, sí.
CATETO 1. Ya se sabe, con estos calores mal vamos a empezar el verano.
CATETO 2. ¡Manolo! –gritó desaforadamente, girando la cabeza con brusquedad hacia la perta de la tasca - ¡Dos cervezas más!
CATETO 1. ¿Te acuerdas cuándo en el pueblo aún no veíamos la televisión? ¡Qué época aquella! Trabajar un poco la tierra por la mañana, cerveza al medio día, juerga por la tarde a base de cubatas y caza de mozas al atardecer por la vereda del río. ¡Y no te digo nada de los fines de semana! Ahora, todas las mozas se quedan en casa mirando los programas de corazón, entre semana, los fines de semana, tardes, noches…
CATETO 2. Claro que me acuerdo. Ahora, mozos y mozas pegados al televisor. Ellas con esas historias de mujeres jóvenes que buscan amor. Ellas, deslumbrantes sin apenas ocultar sus atributos. Ellos, mirando a los atributos de las jóvenes que están a reventar. ¿Dónde iremos a parar? De mis dos neuronas, la sexual se encuentra en depresión continua y la pensante, ¡ay la pensante! Deprimida la tengo. Día y noche me agobia desde hace ya unas semanas. A veces pienso que siente deseos de suicidarse, menos mal que carece de cuello y manos, o eso dicen, y por lo tanto no puede.
CATETO 1. ¿Qué me dices? Oye, ¿eso es preocupante? Ya te veía algo alterado últimamente, pero no pensaba que las mujeres te afectaban tanto y de esa forma.
CATETO 2. ¡Qué dices! Las mujeres no me afectan, al menos, a la neurona pensante que es la que me preocupa.
CATETO 1. ¿Entonces?
CATETO 2. Estamos en campaña electoral, ¿lo sabias? Desde hace semanas nos están machacando por todos los lados, la derecha, la izquierda, el centro, que está a la derecha de la izquierda pero a la izquierda de la derecha, los extremos; de la izquierda y de la derecha, ya que el centro no tiene extremos, o eso dicen.
CATETO 1. ¡Joder, me estás liando!
Para satisfacción de los dos, apareció el Manolo con gesto de malos amigos por tener que exponerse al sol, portando una bandeja metálica con dos cervezas y un platito de cacahuetes. Sin abrir la boca ni alterar el gesto, lo dejó todo sobre la mesa y salió zumbando hacia el interior del mausoleo.
Ambos amigos elevaron las botellas a la altura de sus narices, las golpearon con fuerza (las botellas, no las narices) e inclinándolas casi hasta la verticalidad, las acondicionaron a sus bocas. Hasta que no cayó la última gota, no se separaron de ellas (de las botellas de cerveza).
CATETO 2. Cada no se cuanto, salen en la televisión vociferando. Se dicen de todo: “Tu mientes como un bellaco”, dice uno en una rueda de prensa, el otro convoca otra rueda de prensa y dice “Y tú, más”. Al final piensas que mienten los dos porque la prensa no tiene ruedas.
CATETO 1. Bueno, hombre, pero ya se sabe, son como niños y les gusta ejercer.
CATETO 2. Claro, ya lo sé, pero por todo eso; ¡cobran! Encima, tienen el atrevimiento, la osadía, la desfachatez de decir que “el pueblo es soberano” o que “el pueblo se manifiesta en las urnas”. Mira, estoy más que harto. Como españolito de a pie (y sin concomitancias franquistas), me jode que me tomen el pelo. El pueblo no es soberano, el pueblo no se manifiesta en las urnas, el pueblo es el pagano y poco más.
CATETO 1. ¡Chaval, qué mal te veo! Déjate de pensar. El domingo, antes de la cervecita, nos pasamos por la mesa electoral, ejercemos nuestros derechos, votamos, y ahí se acaba todo, como siempre. Los diputados electos, tan ricamente se irán a Bruselas a vivir como dios manda y no como nosotros enterrados en este pueblo perdido de la mano de los políticos, y que así continúe.
CATETO 2. ¡Ahí está la cuestión! ¿Qué derechos?
CATETO 1. Hombre, puedes votar a la izquierda, a la derecha, al centro, a los extremos, puedes votar en blanco, e incluso puedes dejar de votar. Mira si tienes alternativas.
CATETO 2. ¿Alternativas dices? Mira, a estas alturas de siglo y con la crisis que nos acucia, el paro, la morosidad, la violencia, el terrorismo y otra serie de inmoralidades y en vista del plantel político que disponemos, el pueblo soberano debería de tener la capacidad y la posible alternativa de enviarlos a todos al rincón más oscuro, del universo visible y del invisible y a poder ser, sin billete de vuelta. Democracia es el juego de los porcentajes pero no de las sabidurías. Se habla, se dice, se juega con la intención del soberano pueblo, que la abstención será altísima, quizá superior al 60 %. Somos 34 millones de españoles con derecho a voto, quiere decir que 20 millones y medio de “soberanos” se irán a la playa, al monte o se dedicarán a otros placeres, pero no precisamente a ejercer su “derecho a votar”.
CATETO 1. Lo tienes claro, los que no les gustan las opciones que se presentan, dejan de votar, que también es “ejercer un derecho”.
CATETO 2. Craso error, amigo. No ir a votar es dejar que los demás decidan por ti, aunque no exactamente, porque tu capacidad de decisión está totalmente limitada en ese derecho de votar. Pero los demás, tampoco deciden por ti. Es decir, tienen las opciones limitadas. Pero sigamos. Si vota un 40 %, serán 14 millones de personas las que decidirán el futuro. La cuestión es la siguiente; ¿de que forma podría decidir el “pueblo soberano” lo que realmente quiere? Eso sería imposible, pero hay otra opción, si podría decidir sobre lo que no quiere. Es decir, ejercer su derecho de castigo, pero no de la forma que está ahora, o churras o merinas. Soy de derechas, pero estoy cabreado con los políticos que representan esa opción y dejo de votar o voto a la izquierda, pero la izquierda no es mi ideología política, en consecuencia, ¿qué estoy decidiendo? Soy de izquierdas… etc… Ya no me voy a los extremos. Yo quiero poder decidir que los políticos que no se comportan, que no saben, que no ejercen…, que se vayan a sus casas, y no hay ninguna papeleta en la que pueda verme reflejado, ¿por qué? Quizá entonces, la democracia ejerciera como tal, y si el pueblo soberano decide que los políticos en cuestión no son de su agrado, ¡qué se vayan! La alternancia no solamente debe existir entre los partidos políticos, también entre las personas de un mismo partido.
CATETO 1. Sí, podría ser, aunque cualquier político te diría que con sus “españolitos de a pie” sería suficiente para obtener los votos suficientes.
CATETO 2. Los afiliados a los partidos políticos son un porcentaje muy pequeño dentro del campo electoral. Con sus votos solamente, sería ridículo pensar en victorias. Pero tu proporciónale al votante el arma para poder discrepar, de tal forma que se rechacen las opciones que se le presentan y que sea obligado la convocatoria de unas nuevas elecciones. Porque en éstas, ya sabemos los resultados, los escaños se repartirán más o menos como siempre pero con los políticos que no nos merecemos, que no dan la talla, que mienten, que se insultan unos a otros, insultando y abochornando a la vez a los ciudadanos con sus ideologías políticas. ¡Lamentable!
Sus voces se hacían a cada instante, más tenues. El sol estaba en su punto álgido y Manolo observaba a los dos jóvenes detrás del mugriento ventanal pero resguardado de las iras del astro rey. Su rostro se iba distendiendo, lentamente, a la vez que se generaba un rictus placentero a medida que contemplaba como de los dos cuerpos comenzaban a emanar una ligera nubecilla blanquecina y sus cuerpos se iban diluyendo, lenta pero inexorablemente, por la excesiva exposición a los elementos que no dominaban.
MANOLO. ¡Joer, otros que se me van de la mano y sin pagar!
